¡Los comienzos de una bebida milenaria que se ha mantenido para estar más presente que nunca hoy!

Alrededor del siglo 3 A.C., durante la dinastía Qin en la Antigua China, una bebida supuestamente mágica se empezó a hacer famosa por sus propiedades energizantes y detoxificantes.

Su nombre partió por un médico Japonés llamado Kombu, que llegó a ayudar al Emperador Qin Shi Huang con este brebaje de té para sanar sus problemas digestivos. De esa forma quedó inmortalizado el nombre de este médico en combinación con cha, la palabra japonesa para té, resultando en Kombucha.

Las leyendas cuentan que el Emperador se enamoró de este elixir, refiriéndo se a él como el té de la inmortalidad, siendo consumido en todo el Reino. 

Los primeros registros que se tienen de Kombucha es en el histórico texto antiguo “Registro de los Tres Reinos” que data de la historia entre 189-290 A.C., donde ya se menciona la kombucha por sus beneficios para la salud, en especial la digestión y fortalecimiento (sistema inmune)

¡Lo bueno se comparte!

Con el paso de los años, probablemente gracias a la ruta de la seda, se fue dando a conocer cada día más la Kombucha, en especial en Japón y Corea, donde fue conocida como “Hongo de té” o “Té dorado”, siendo preparada de forma artesanal en las casas pasando por recetas familiares de generación en generación. Finalmente la Kombucha llego a Rusia, donde se mantuvo de forma tradicional hasta hoy en día!


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